CÓMO CUIDAR UN IMPLANTE

 

Los  implante se han de cuidar igual o más que cualquier otro diente. Al fin y al cabo, es una pieza artificial que debe cumplir las mismas funciones que el resto de la dentadura. La higiene ha de ser escrupulosa y se ha de acudir a revisión periódicamente.

Es un error muy común creer que, con el implante, el problema que llevó a la pérdida de la pieza dental anterior se ha solucionado. Si perdimos una muela, por ejemplo, por sarro, por caries o por morder incorrectamente y seguimos haciendo lo mismo….podremos perder el implante.

                                                                   Higiene, higiene e higiene

Por eso, lo más adecuado es intentar cuidárselo al máximo para conservarlos el mayor tiempo posible. Para ello, se recomienda limpiar adecuadamente la boca y en especial la zona implantada.

Es esencial mantener las encías limpias y sanas, ya que si se forma sarro alrededor de la encía existe el peligro real de provocar una mucositis o, lo que es más grave, una periimplantitis.

                                                                     

                                                                                  Mucositis

Cuando los tejidos que hay alrededor del implante se inflaman es que se ha producido una mucositis. Se calcula que, entre el 30 y el 50% de los pacientes implantados la padecerán.

Se diagnostica porque visualmente la encía presenta inflamación, presenta un tono enrojecido y al sondar (con la sonda periodontal) se produce sangrado en la encía o la medición de las bolsas periodontales es superior a los 5 mm.

Para curarla hay que hacer una limpieza con ultrasonidos y sobre todo con curetas, complementada con antisépticos para terminar de descontaminar la zona infectada.

   Periimplantitis

 

Cuando la inflamación de los tejidos que rodean el implante es ya severa, hay dolor y sobre todo, se observa pérdida de hueso, es que se ha generado una periimplantitis.

Esto se puede producir por acúmulo de placa bacteriana, sarro, por tabaquismo, por sobrecarga a la hora de la masticación o por mal diseño de la prótesis.

Para tratar de salvar el implante hay que realizar una limpieza en profundidad (ultrasonidos y curetas) y, si no fuera suficiente, habría que recurrir a la cirugía para poder llegar hasta el implante y limpiar las espiras hasta eliminar completamente la infección.

Paralelamente a esto, el paciente tendría que eliminar aquellos hábitos que le han llevado a contaminar el implante, ya que si no cambia sus costumbres, podría volver a tener complicaciones.

                                                                                           Revisiones periódicas

Para saber con seguridad en qué estado está el implante, lo mejor es acudir al/la dentista que puso el implante para que lo revise. El profesional sabe mejor que nadie si está sano o si empieza a infectarse.

Si lo viera oportuno, recomendará una limpieza que evite futuras complicaciones. Si lo encuentra en buen estado es que la higiene se está manteniendo correctamente por parte del paciente y que no tendrá que padecer complicaciones.

Pérdida del implante

A pesar de los esfuerzos que se realizan por mantener el implante de la mejor manera posible, se puede dar el extremo de que empiece a haber movilidad y que, por tanto, sea necesario extraerlo.

Posteriormente, se tiene que dejar un periodo de reposo para que el hueso se regenere de manera natural. Si esto no se produjera, normalmente se injerta hueso en el paciente para que, cuando se pueda volver a realizar el implante, éste se osteointegre -se ancle al hueso-  de la mejor manera posible.