BUENOS CONSEJOS PARA TU BOCA DURANTE EL VERANO

 

Si quieres mejorar tu salud estas vacaciones, dedícale un poco más de tiempo a tu boca. Cepillate los dientes con calma, observa si sangran las encías. Limpia bien el espacio entre los dientes con seda dental y cepillos interproximales. Enjuágate con un colutorio que mejora tus sensaciones en la boca. Aprovecha para comer más fruta y verduras que te aporten vitaminas. Acabarás el verano mejor de cómo lo has empezado.

Cuando baja la presión del estrés laboral, es curioso empezar a fijarse en cómo nos cepillamos los dientes. Si le dedicamos más de 2 minutos-como recomiendas los/las odontólogos/as- o menos, si realmente llegamos hasta los últimos molares o si le dedicamos el tiempo suficiente al interior de las arcadas.

Tal vez, de vez en cuando, nos sangren las encías. Lo mejor es localizar de dónde viene el sangrado y así saber en qué pieza en concreto se está formando el sarro. Cuando sepamos cuál es, intentar cepillarla con mayor cuidado. Si deja de sangrar es que la hemos “curado”, que el sarro que se estaba formando lo hemos podido expulsar de nuestra boca. Si no es así, hay que ir al dentista a la vuelta sí o sí, a hacerse una buena limpieza de boca a cargo del/a higienista bucodental.

   Seda para el verano

Como en verano se tiene más tiempo, uno/a puede dedicar a cuidarse con más mimo. Eso, en los dientes, se traduce en pasar diariamente la seda dental para eliminar los restos de comida que se quedan atrapados entre los dientes. Si se tiene apiñamiento dental, aún con más motivo, ya que retienen con mayor facilidad la comida.

El ritual de lavarse los dientes se puede culminar con un enjuague final. Los hay de muchos tipos pero fundamentalmente los hay con flúor para prevenir la aparición de las caries y reforzar el esmalte y los colutorios pensados para las encías, que eliminan algunas de las bacterias que agravan las enfermedades periodontales (gingivitos y periodontitis).

Bebidas no carbonatadas, ni extrazucaradas.

Las bebidas gaseosas, con exceso de azúcares, dañan el esmalte. Por eso, lo mejor es sustituirlas por zumos y helados hechos con fruta natural. Las vitaminas que aportan producen efectos beneficiosos en las encías y en la boca en general.

Si tomando limón o bebidas heladas se observa unas pequeñas molestias en el esmalte dental, eso quiere decir que hay problemas de sensibilidad. El esmalte ha perdido su consistencia en determinadas caras de la pieza dental y es necesario realizar un refuerzo de flúor.

Para ello, las pastas dentífricas especializadas en sensibilidad suelen ofrecer buenos resultados y son aconsejables. Sin embargo, lo realmente eficaz en acudir a una clínica dental y hacerse una “fluorización”.

 Baño de flúor

Consiste en reforzar el esmalte con una potente concentración de flúor-que sólo la puede realizar un/a dentista- y, cuyo efecto, se prolonga durante meses. Normalmente dicho flúor se aplica mediante una cubeta en la boca del paciente durante un minuto.

Pasado ese tiempo, al paciente se le retira la cubeta y escupe los restos en la escupidera del sillón dental. No se le permite enjuagarse porque dicho flúor va penetrando por el esmalte y sellando los defectos que encuentra (poros o fisuras), de modo, que si alguien se enjuagara, comiera o bebiera a continuación, arrastraría el flúor e interrumpiría su avance por el resto del esmalte.

Se calcula que dicho flúor tarda entre media hora y una hora en alcanzar todo el esmalte de la pieza dental, es por ello, que se le aconseja al paciente aguantar ese tiempo sin comer, ni beber, para que sus efectos se noten hasta el último rincón.

   Cepillo en la maleta

Es evidente que durante el verano se hacen más comidas y cenas fuera de la casa familiar y que eso puede llevar a dejar de cepillarse los dientes a posteriori. Pero hay que evitar la dejadez propia del verano y no descuidar la salud por pereza o incomodidad.

Lo mejor es llevar siempre encima un cepillo de viaje y una pequeña pasta, para poder mantener la higiene bucal todos los días. Un mes sin cepillarnos correctamente genera una pequeña pared de sarro que hará que cada vez se acumulen en ella más restos de comida.

 

 

  Mandíbula relajada

En las clínica dentales, cada vez se detectan más casos de bruxismo. El estrés está haciendo que buena parte de la población alivie parte de esa tensión por las noches, durante el sueño, apretando los dientes. Esto provoca dolores mandibulares, pérdida de esmalte, mayor sensibilidad y, a la larga, reducción del tamaño de los dientes.

En vacaciones, al relajarnos, puede ser un buen momento para detectar esas molestias y observar si en la mandíbula o alrededor de los labios estamos acumulando tensión.

Si es así, a la vuelta de las vacaciones es muy recomendable ir a la consulta dental y hacerse una “ férula de descarga”, para aliviar las fuerzas que están machacando la musculatura mandibular y a la boca en general.

    Revisión anual

En muchos países europeos, la población acude al dentista una vez al año como mínimo para hacerse una limpieza y someterse a revisión. El verano es un buen punto de partida y un magnífico recordatorio para acudir al dentista antes o después.

Si antes de las vacaciones hemos notado alguna molestia en alguna pieza dental, hay que ir al dentista antes. Todo puede ser mucho más complicado si tenemos dolor de muelas cuando nuestro dentista habitual está lejos y, a veces, con la presión de los aviones, terminan de acelerarse determinados procesos inflamatorios.

Ojalá sea un verano de aumentar los cuidados hacia uno mismo/a y que a la vuelta nos sintamos más fuertes y sanos.

Salud y buenas vacaciones para todos!