EL BLANQUEAMIENTO DENTAL PUEDE SER SEGURO Y EFICAZ

 

Los dientes van perdiendo su blancura por el paso del tiempo y la tinción que provocan determinados alimentos o el tabaco. Blanqueárselos es seguro, es decir, no tiene efectos negativos, siempre que se haga en una clínica dental bajo la supervisión de un/a odontólogo/a. Los dientes blancos iluminan, rejuvenecen y dan mayor sensación de limpieza.

El/la profesional de la odontología será quien mejor nos podrá decir si nuestro esmalte es apto para someterse a un blanqueamiento: si el/la paciente fuma, tiene sensibilidad dental o alteraciones en la mucosa o en las encías no es recomendable hacérselo ya que, o bien no le servirá le nada o le puede ocasionar molestias.

Sin efectos secundarios

Los tratamientos blanqueadores son perfectamente seguros si los realiza un buen profesional en la clínica dental. Los productos homologados que se utilizan están testados y tienen todas las garantías necesarias para no dañar el esmalte.

Hay que seguir las recomendaciones del odontólogo/a y consultarle en cuanto surja la primera molestia. En algunas ocasiones, éstas se solucionan interrumpiendo momentáneamente el tratamiento, aplicando un refuerzo de flúor en el esmalte y cuando éste vuelve a estar preparado, se reinicia.

Si las molestias persistieran, puede que sea necesario paralizar el proceso de blanqueamiento ya que la salud y fortaleza de nuestro esmalte está por encima de cualquier planteamiento estético.

Por qué se ennegrecen los dientes

Con el paso de los años, los dientes empiezan a adquirir una tonalidad amarillenta. Eso es debido a que en el esmalte se van abriendo millones de poros microscópicos por los que van penetrando los compuestos orgánicos procedentes de la comida. Estos compuestos van profundizando hasta llegar a la dentina-que está justo debajo del esmalte- y al fijarse en ella empiezan a oscurecer los dientes.

Si la persona fuma, bebe mucho té o café, o alimentos que tiñen los dientes (vino, remolacha, frutos rojos ) y no se lava posteriormente los dientes, este proceso de amarilleamiento se acelera y su eliminación es mucho más complicada.

Cómo se blanquea el esmalte

Casi todas las técnicas blanqueadoras se basan en la aplicación de dos sustancias: peróxido de carbamida o peróxido de hidrógeno. Ambos compuestos se suelen aplicar en forma de gel mediante una férula. El peróxido penetra por el esmalte y cuando llega a la dentina descompone los compuestos orgánicos, devolviendo a los dientes un tono mucho más claro y luminoso.

Tratamiento desde casa

Los blanqueamientos no son complicados; lo más común es que el odontólogo/a nos facilite una férula y unas ampollas con los productos blanqueantes para que nos lo apliquemos en casa. Se trataría de poner unas gotas en la férula, en los dientes que queremos blanquear-que normalmente son de canino a canino-y mantenerla una media hora cada día.

La primera vez, esto se suele hacer en clínica para que /la dentista pueda comprobar la reacción del esmalte y controle que todo está correcto para empezar el blanqueamiento. Normalmente se inicia por la arcada superior y, dependiendo de si ha surtido efecto o su efecto ha sido mínimo, se continuará por la arcada inferior.

Distintos grados de blancura

El resultado del blanqueamiento es variable y depende de la reacción del esmalte de cada persona. Hay quien se lo nota a las pocas semanas y el resultado es espectacular y también hay quien sólo logra mejorar uno o dos tonos.

Esto no se puede saber de antemano, sólo se descubre al experimentarlo. Es por ello que se empieza por la arcada superior y, si funciona, se sigue por la arcada inferior. Si, por el contrario, el tratamiento no hubiera hecho efecto, se evita que el paciente pierda tiempo y dinero intentando blanquearse el resto de los dientes.

Mantenimiento adecuado

El blanqueamiento puede durar años con un buen mantenimiento. Fumar es muy contraproducente. Es más, a los/las fumadores/as no se les aconseja realizarlo si van a seguir fumando porque se les volverá a teñir inmediatamente.

A las personas amantes del té, del café o del vino hay que animarles a que extremen su higiene si no quieren perder lo ganado. Estas sustancias tienen mucha facilidad para amarillear la dentadura y conviene borrar sus efectos lo antes posible con un buen cepillado.

Alimentos blanqueadores como tal no existen. Sí se recomienda, en las 48 horas siguientes a una tratamiento de blanqueador, consumir alimentos blancos: quesos, lácteos, arroz, coliflor…en lugar de alimentos con color (espinacas, arándanos)

Las fresas, las manzanas o los rábanos tienen un efecto más limpiador que blanqueador. Así que son buenas para nuestros dientes y encías pero no esperemos que la blancura proceda de ellos.

Limpieza cada 6 meses

Para prolongar al máximo el efecto blanco en nuestro esmalte es muy recomendable acudir a la clínica dental a someterse a una limpieza de boca dónde, además de eliminar el sarro y dejar limpias las encías, nos borrarán las tinciones que hayan podido surgir por los alimentos o bebidas.

Las pasta blanqueadoras no funcionan, no logran mejorar la tonalidad de los dientes de por sí. Es mejor cepillarse 3 veces al día con una pasta normal y no abusar de las que están especializadas en blanqueamiento.